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Isidoro Gilbert

UN ARGENTINO EN LA ESCUELA DE FRANKFURT

REVISTA Ñ, REVISTA DE CULTURA 25 de octubre del 2014. Por Isidoro Gilbert Escritor, periodista UN ARGENTINO EN LA ESCUELA DE FRANKFURT Biografía: Félix Weil participó de la Internacional Comunista, fue mecenas de artista e intelectuales y participó de la fundación del famoso instituto alemán.

Lucio Félix José Weil fue un marxista argentino enigmático y nada menos que fundador del Instituto de Estudios Sociales que ha pasado a la historia como Escuela de Frankfurt.

Fue también un millonario que heredó la multinacional de granos que fundó su padre en el siglo XIX. Era un judío alemán convertido al catolicismo que competía con Bunge & Born o Dreyfus, fue mentor del primer régimen impositivo que tuvo el país aprobado durante el gobierno del fraude patriótico del general Agustín P. Justo en tanto ayudaba económicamente al Partido Comunista argentino y había sido en 1921 enviado a Buenos Aires por la Comintern con credenciales firmadas por Grigori Zinóviev.

Para desentrañar a este personaje el historiador Mario Rapoport escribió Bolchevique de salónVida de Félix J. Weil, el fundador argentino de la Escuela de Frankfurt (Debate) y lo califica como “un mecenas burgués, pensador y revolucionario”. En primer lugar Rapoport lo resalta como intelectual, autor de una vasta obra como la valiosa investigación de la clase obrera argentina ( Die Arbeiterbewegung in Argentinien. Ein Beítrag zu ihrer Geschichte ) originalmente pensada para la Internacional Comunista o, la ahora reeditada por la Biblioteca Nacional Argentine Riddle (El enigma argentino ) de 1944. Es que otros autores, por caso Rolf Wiggerhaus en La Escuela de Frankfurt , lo constriñe a su condición de financista cuando fue el organizador junto a Karl Korsch de la Semana de Trabajo Marxista que se llevó a cabo en la semana de Pentecostés de 1923 en Geraber, cerca de Weimar, antecedente de la famosa Escuela. Allí se reunieron dos docenas de participantes, ente otros, George Lukács, Friedrich Pollock, el futuro y mítico espía soviético, Richard Sorge, Eduard Alexander y Kuzuo Fukumoto. Eran todos intelectuales jóvenes y cercanos al Partido Comunista alemán: Wiggerhaus conjetura que discutieron ponencias de Korsch y Lukács sobre los temas de sus libros aparecidos en el año del encuentro. No se privilegia en el texto de Rapoport el contexto en que suceden estas iniciativas académicas: la frustrada revolución comunista y de izquierdistas en la Alemania de 1923. “la gran derrota de la III Internacional”, al decir de León Trotsky.

La idea de Weil y sus amigos era incursionar en el marxismo, como sostiene Rapoport, lejos del reformismo socialdemócrata y de la cada vez más visible escolástica soviética. Son esos los ejes para la formación del Institut für Sozialforschung (Instituto de Investigación Social), al que Weil quería mantener una orientación dedicada al socialismo científico y la historia del movimiento obrero. Pero bajo la influencia de otro gran teórico, el filósofo Max Horkheimer quien asume la dirección del Instituto, establece un nuevo programa: superación de la crisis del marxismo por medio de la combinación de la filosofía social y las ciencias sociales empíricas, conocida como Teoría Crítica lo que a juicio de Rapoport, “el Instituto cambia de orientación y se vuelve interdisciplinario, abandonando parte del marxismo inicial. No sólo cambiaron su contenido político y metodológico sino también su objetivo principal de estudio. Predominaron los enfoques filosóficos y se incluyeron otras disciplinas como el psicoanálisis y la psicología, o el estudio de los fenómenos culturales y mediáticos, a la vez que se redujo el rol de los económicos y sociales y la influencia del marxismo… (Los trabajos) se corrieron del análisis específicamente clasista hacia objetivos de estudio de un mayor nivel de generalidad”, sostiene el autor.

Las (no concluidas) Memorias de Weil, un hilo conductor del libro, deja sentado su posición adversa a los cambios en la conducción del Instituto y en las nuevas ideas que las sustentaban: se ha producido una desviación de los ideales marxistas, afirmaba. Se sintió traicionado por Horkeheimer.

Casi nadie habla del “Institut” sino de la Escuela; desde los 60 se popularizó por los trabajos de Theodor Adorno y sobre todo Herbert Marcuse, muy reclamado por su sesgo maoísta del marxismo entre los líderes del Mayo francés de 1968, movimiento que fue apoyado por Weil. Este fue quien logró que en los años 20 el flamante Instituto Marx-Engels creado por la Revolución Rusa acordara con la socialdemocracia alemana que entregara copias de toda la obra de los dos fundadores del socialismo científico que se concretó en la edición Mega en alemán y ruso de 40 volúmenes de lo que se conocía entonces de ellos. Por los escasos medios técnicos disponibles en esos años, hacer las fotocopias fue una proeza que capitaneó nuestro personaje. Años más tarde Weil financio el filme El Acorazado Potemkin , la gran obra de Sergéi Eisenstein.

La Argentina fue una obsesión para él, lo demuestran sus trabajos sobre el país, aunque vivió sólo unos pocos en sus 77 años de vida. Para Weil las claves del atraso argentino era el escaso desarrollo del capitalismo frenado por el poder económico y político de los terratenientes (estancieros, los llama) y por la influencia negativa del imperio británico relación que describe con ideas similares a las de Lenin. Weil suponía que la industrialización iría quebrando el espinazo de los grandes propietarios, pese a que no postulaba una reforma agraria sino la aplicación de las medidas que en EE.UU. permitieron el acceso de los granjeros a la propiedad. Intentó comprender las causas del neutralismo en las dos guerras vinculadas a la necesidad de la elite criolla de defender sus mercados externos y aún en las simpatías por Alemania que recogió en ese lugar de poder donde pudo pasar “por uno de ellos”, no creyó que en el país hubiera apoyos para el Eje. Curiosamente como subraya Rapoport, Weil llegó con conclusiones semejantes a los informes británicos (sin que él los llegara a conocer) sobre grandes trazos de la historia post 4 de junio de 1943 y el ascenso de Juan Perón, a quien atacó duramente.

Con todo, Weil creyó advertir en conferencias en la Escuela de Estudios Superiores dictadas a fines de los años 30 que se estaban dando las condiciones para un cambio de orientación política y económica favorable a la industrialización. El valoro mucho el Plan Pinedo impulsado por su amigo el socialista independiente que surgió con respuestas keynesianas para enfrentar las consecuencias de la crisis mundial. Rapoport hace del caso un muy buen análisis histórico del personaje y de su plan pomposamente pensado como New Deal criollo.

Weil pudo aparecer junto al Káiser, con la socialista revolucionaria Clara Zetkin, con Zinóviev, participando en el levantamiento espartaquista de 1919 y ser detenido o ser amigo de Federico Pinedo. En su casa porteña en 1933 se afilió al comunismo Luiz Carlos Prestes. Para el autor, “una mezcla de Lorenzo de Medici, Maquiavelo y Savonarola”.

Queda una duda que corroe a Mario Rapoport: ¿fue Weil un hombre de la inteligencia soviética durante esos años y de allí sus contradictorios, aparentemente, destinos? ¿Se infiltró en el núcleo central de la economía argentina para poder guiar a la IC? El autor no tiene pruebas y parece que no hay documentación alguna que acredite esa sospecha. Sospecha que las tuvo el FBI que lo investigó a él y a otros integrantes de la Escuela como colaboradores de la URSS cuando la institución fue trasladada a EE.UU. antes de que Hitler tomara el poder. Pero Weil no cayó en las garras de dos comisiones investigadoras, una de ellas la de Joseph Mc Carthy, como les ocurrió a algunos alemanes vinculados a la Escuela. ¿Zelig? No, Weil fue coherente.

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